jueves, 13 de septiembre de 2012

Despedida a Eduardo González, un entregado corazón

Se acaba este verano 2012 y, por unos motivos u otros, aunque sí que os he dado recientemente cuenta de algunos de mis trabajos periodísticos estivales (en el post anterior), no he podido reunir el tiempo que se merece este espacio para, tranquilamente, compartir o contaros algunas de las cosas que he vivido en este tiempo de descanso para muchos, de trabajo para otros, de incertidumbre y búsqueda, sin duda, para cada vez más personas.

Como la vida es un río que discurre a distintas velocidades, a veces, vorágine, otras remanso, tenemos que dar rienda a nuestro corazón, según vengan las aguas. 

Este verano hemos vivido la pérdida de varias personas significativas de nuestra sociedad y, aunque este blog no está especializado en este tipo de crónicas necrológicas, la verdad es que, como "me estoy haciendo mayor", no pasa mes que no reciba la noticia de la desaparición de algunas personas conocidas que me deja, en algunos casos, un tanto afectada.

Hace unos días despedíamos a uno de los médicos más encantadores que he conocido, Eduardo González, cardiólogo en el Ambulatorio de La Lila, en Oviedo y miembro de una saga familiar de médicos e impulsores de uno de los clubs con más solera de Asturias: el Real Club de Tenis, en Oviedo.

A Eduardo le conocí mientras realizaba alguna de mis crónicas socio-culturales "La Lupa". Coincidí con él en algunas de los nombramientos de académicos en la Real Academia de Medicina de Asturias, celebrados en el Colegio de Médicos, o también como impulsor de la navideña "Fiesta del Pavo", que se celebra en el mencionado club deportivo desde 1992 y al que él y su familia pertenecen como socios fundadores. 

En la imagen inferior os ofrezco una de las fotos que, entre otras, realizó para aquella crónica, José Vallina, estupendo compañero gráfico del desaparecido (de momento?) periódico La Voz de Asturias.
Eduardo aparece posando, en la barra del bar del club, a la derecha de la imagen. Entre otros se encuentran su hermano Ignacio, a la izquierda de la foto, y a su derecha, Fernando Fuentes.

                                                                           
A Eduardo se lo llevó, hace escasos días, un cáncer devastador, con sólo 62 años. Sentí su muerte porque, en el tiempo que me tocó tratarle, siempre fue un hombre muy agradable del que siempre recibí una sonrisa y buenas palabras. 
También recuerdo de su entorno a su mujer, María José, a su padre el también fallecido y conocido doctor Eduardo González y su hermano Ignacio, con los que también coincidía en los eventos médicos.

Recuerdo que, con motivo de su mención en una de mis Lupas, me hizo llegar una cajita de bombones con una tarjeta de agradecimiento muy afectuosa. 
Quiénes le hayan conocido saben que esto que cuento era uno más de los cientos de detalles que tenía en el trato con las personas que le rodeaban. Era un médico y un señor especial, de los que hacen pensar que "siempre se van los mejores". 
 Desde mi pequeño rincón en la red, mi recuerdo y mi afecto a su familia que, sin duda, le está echando muchísimo de menos.

Os dejo el link de la crónica: http://archivo.lavozdeasturias.es/html/314811.html



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