viernes, 25 de mayo de 2012

Días para lavar jerseys

El termómetro de mi coche marca los 23 grados a la sombra. Escribo con las ráfagas que me trae el aire del ambientador natural que regala incansablemente la flor de azahar del naranjo de mi jardín. 

Mi naranjo, atacado desde hace años por un hongo del que desconozco su tratamiento, pero que no impide que el árbol siga dando cada año naranjas (incomestibles) y botones y flores de azahar, está cada temporada, más frondoso y generoso en aromas y frutos.


Compitiendo enfrente, un gallardo rosal, de aspecto cuasi salvaje, aunque plantado en su día voluntariamente, y de especie desconocida por mí, también aporta el componente aromático "rosa", fragancia muy presente en los perfumes de alta gama.


Falta poco menos de un mes para el verano y ya la gente se anima a quitarse las botas, las lanas, los abrigos...
Ayer y hoy fueron los típicos días para ir sacando la ropa de verano, aunque parece ser que se aproxima una bajada de temperaturas.

Yo soy de esas personas que, cuando comienza la temporada, lavo de nuevo (lo hago también al guardarlos en el desván) los jerseys y el resto de ropa, porque al añadir en sus bolsas y cajas los productos antipolillas, siempre queda impregnado el típico olorcillo un tanto molesto. 

Tuve un colaborador en la radio, cuya madre siempre le decía que los jerseys no se debían de lavar, que cuando se viera que estaban ya sucios había que tirarlos. Siempre me he quedado con ese argumento tan chocante. 
¡Qué manera más curiosa de entender el mantenimiento de las prendas y de practicar la higiene y el ahorro! 

Está claro que en el mundo hay gente muy diversa y, sin duda esas señora, si pensaba eso de los jerseys, tendría, asimismo, una curiosa teoría de entender la vida.

Y como limitación a los que nos gusta tener la casa bien ventilada y disfrutamos de que entre el sol y el aire primaveral, aparece flotando en el aire, casi como una nevada algodonosa, el polen de los chopos, auténtico martirio para los alérgicos, que nos invade habitaciones, pasillos y que nos obliga a mantener nuestra casa cerrada, a nosotros, a los que estamos deseando que llegue la luz y la vida en forma de verano, sobre todo aquí, en Asturias.



Días para lavar jerseys... Podría ser una metáfora...

Días para recuperar los colores, la claridad de la amplitud de las horas del día, descubrir las pieles mortecinas y blancas, relacionarse con amigos y familia en el exterior, días para aspirar, mirar y sentir.
Días para vivir.




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