martes, 19 de julio de 2011

El Buque de Asalto Anfibio Castilla: un selecto punto de encuentro

                                                                       
Pensando que el acto al que estaba invitada sería parecido al tumultuoso e internacional encuentro que viví en el "Príncipe de Asturias", atracado en el Musel hace algo más de un año, acudí, en una luminosa tarde de la pasada semana de este veranotoño que estamos viviendo en Asturias, al muelle de Raíces, en el Puerto de Avilés.

                                                                            
Mientras aguardaba para entrar al Buque A.A. (Asalto Anfibio) Castilla que llegaba al puerto avilesino trayendo a los chicos y chicas que conforman la expedición "Ruta de Quetzal", ideada hace años por Miguel de la Quadra Salcedo, observaba lo que parece ser el Peñón de Raíces, donde se ubicó el castillo de Gauzón, que acogió, en época del rey Alfonso III, el recamamiento de oro y piedras preciosas de una de nuestras reliquias, la Cruz de la Victoria, de original alma de madera de roble, según parece, no fue la que enarboló Pelayo en su triunfo tras la Batalla de Covadonga, ya que las pruebas de carbono 14 no la ligan a ese siglo VIII en el que se ubica ese suceso histórico para Asturias y España, sino a alguno posterior, ya quizás contemporánea del mismo Alfonso III, en el siglo X.

                                                                               
                                                                                
Cavilaciones histórico-artísticas aparte, los selectos invitados que mientras, llegaban con goteo, iban desfilando con gran precaución por la pasarela que une tierra con el buque, cuyos tramos son incompatibles con los tacones de las señoras despistadas.

Madrugadores, como siempre, la Guardia Civil, representados por el teniente coronel Juan Bautista Martínez Raposo, que en estos días es el máximo responsable en Asturias, al estar el coronel Feliz de vacaciones.

Tras él, un grupo de representantes políticos e institucionales avilesinos: el hasta esos días, director técnico del Puerto de Avilés, Miguel Villalobos (hoy salía la noticia del nombramiento de Raimundo Abando como nuevo director), vaticinio que comenté con la esposa de Villalobos, Ana, imagino que ya, en ese momento, en la despedida del cargo; también concejales y políticos avilesinos como la concejal Ana Concejo y Antonio Sabino, todos en buena sintonía, en la explanada, ante el buque, aguardando el momento de subir.

Más tarde llegaría la alcaldesa de Avilés Pilar Varela acompañada por el concejal Román Antonio Suárez.

Ya en el interior, el delegado de Defensa, Baldomero Argüelles, su esposa Marga y la de Beceiro, Kety, y el decano de la Facultad de Derecho, Ramón Durán, primo del capitán de navío, entre los, insisto, selectos asistentes.
Me consta que, tanto a las señoras, como al resto de invitados, nos hubiera gustado haber podido saludar al legendario aventurero De la Quadra Salcedo, pero finalmente, no pudo ser.
Como es habitual, al entrar en un barco de esta envergadura y categoría, eres recibido por la máxima autoridad, en este caso, el capitán de navío responsable del mismo, Juan José Díaz del Río Durán, que estaba acompañado por el ya ex comandante naval de Gijón, Juan Manuel Beceiro.

A su lado, el resto de los altos cargos de la tripulación.

                                                                          
El Buque de Asalto Anfibio "Castilla" mide 160 metros de eslora y 25 de manga. Es capaz de alcanzar los 21 nudos de velocidad y puede llevar hasta 570 infantes de marina.
También, como buque de guerra, porta 160 vehículos, carros de combate, 6 helicópteros, 4 lanchas de desembarco que salen del propio dique que lleva el buque y que, si lo requiere la ocasión, se inunda para que salgan de allí las embarcaciones, entre otras dotaciones.

Este buque, fabricado en 1997 en los astilleros ferrolanos Bazán, pesa 13.000 toneladas y tiene 7 metros de calado.
Ha estado, entre otros países del mundo, en Haití, llevando hasta allí a los militares que realizaron, durante cuatro meses, tareas humanitarias en ese país devastado por el terremoto.
Desescombro y reconstrucción de la zona llamada Petit Goâve, atención médica en el hospital de a bordo, donde se atendió a cuatro partos de mujeres haitianas, potabilización de aguas y otras misiones, fueron entre otras, las intervenciones de este buque en materia de ayuda y organización a esa zona desolada.

Todo ello me lo contaba el capitán de corbeta Manuel Gómez de Olea, jefe de control del buque, con el que pude hablar un buen rato. También muy atento, con esa elegancia habitual de los hombres de la mar, el capitán de fragata, Pedro Díaz Rivera, respondía a todas las preguntas que le hacíamos quiénes tuvimos la suerte de compartir con ellos esa pequeña celebración de bienvenida al "Castilla" a su paso por Avilés.

El buque, aparte de estar impecable, tiene como curiosidades en su interior, un suelo "antimareos", en color verde o azul y con unas pintas en tono amarillento que sirven para que la vista se fije en ellas y no se pierda la orientación con el movimiento del barco plena marejada.

Tras conducirnos al elegante salón del buque, el capitán de navío Díaz del Río nos dirigió unas palabras, recibió algún reconocimiento y pudimos compartir, en una charla muy animada, un estupendo aperitivo en el que se nos ofreció, entre otras delicias, un estupendo jamón ibérico de la zona de Huelva y las habituales tortillas de camarones, típicas de Rota, donde el buque tiene su base.





                                                                               
Tras el intercambio de impresiones, el imprescincible recorrido por el buque, puente de mando incluido.

El capitán de navío nos indicó que estaríamos en una altura similar a la de un edificio de ocho pisos.
La tarde, casi en la anochecida, nos aguardaba en el muelle de Raíces, con una brisa suave en las alturas.
Al fondo, el Centro Cultural Niemeyer.
Frente a nosotros, penetrando en Avilés, la ría.
Todo magnífico, único.


                                                                                  
El poderío de un buque de guerra como forma amable y lúdica de transporte de unos chicos y chicas expedicionarios que, en ese momento, llegaban de conocer Avilés.

Para mí, la vivencia única de compartir con amigos, un encuentro selecto y muy exclusivo, rodeada de historia, mar y emociones diferentes. ¿Hay mejor manera de combatir un verano algo soso y cuasi otoñal?


                                                                          

                                                                                

                                                                            




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