martes, 17 de mayo de 2011

Marcelo Conrado Antón: un parón forzado para seguir regalando amistad



Me entero de que el gran hostelero de nuestra región, Marcelo Conrado Antón, esa gran persona que es (en todos los sentidos, ya que además de ser encantador, es un señor de una altura considerable) ha padecido un aneurisma cerebral.

Marcelo es un castillo de amistad, buen trato y excelentes relaciones. Una muralla de hombre, no inexpugnable, ni mucho menos defensiva. Más bien todo lo contrario. Un señor joven de 65 años al que todo el mundo quiere y aprecia, lo cual no es nada difícil.
Acogedor en sus casas: La Goleta y Casa Conrado, aunque dirigidos por sus hijos Laura y Javier, supervisados e imprimido su carácter único y exclusivo y el de su familia hostelera, ya desde los inicios.

Precisamente hace poco acababa de padecer la pérdida de su madre, Jesusa. Y perder a una madre siempre marca.
Marcelo siempre me recibió, cariñoso y atento en su casa, Casa Conrado, cuando fuí, durante cuatro años, jurado del premio Ovetense del Año y nos profesamos un mutuo cariño inmarchitable.

Parece ser, por la hora que registra mi correo, que poco antes de sufrir el desvanecimiento que le provocó el aneurisma y del que fue intervenido, me envió dos montajes preciosos a una de mis direcciones email.
Estaba en casa, tranquilamente, la mañana del sábado, con su mujer Adelaida, que reaccionó rápidamente, e imagino, con un susto en el cuerpo del que habrá tardado en recuperarse.

Marcelo, ahora sedado y relajado en la UCI y con unos cuantos días por delante en período de estabilización, se recuperará, y aunque quizás tenga que cuidarse algo más, como lo han de hacer todas las personas que pasan por este trance de salud, volverá a recibirnos en la barra de Casa Conrado, o en cualquier evento hostelero en los que nos solemos encontrar.
Parece ser que, antes del accidente cerebro vascular, quería ponerse "a plan" para adelgazar y aunque un poco forzado, sin duda tendrá que hacerlo.

Todo mi ánimo para Adelaida, su mujer, para sus estupendos hijos, Javier y Laura y para el resto de su familia. 
Sé, como todos los que hemos conocido la noticia, que desde nuestros teclados, visitas, llamadas o sms, le estamos insuflando esa fuerza y energía que él nos suele regalar, que ahora retorna a él como la fuerza de un boomerang ya que la necesita más que nunca para continuar ofreciéndonos lo mejor de él: su inquebrantable y dedicada amistad.

Os ofrezco un par de fotos que nos hicieron en una ocasión en la esperábamos para entrar en su comedor de Casa Conrado, donde se iba a celebrar un evento del que yo haría una de mis crónicas.
Una de ellas es de mala calidad, pero merece la pena colgarla por el cruce de miradas, reflejo de la corriente de simpatía que nos profesamos mutuamente.
Y es que a Marcelo, quererle, es de lo más fácil!

                                                                              
                                                                              

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