jueves, 17 de febrero de 2011

Las manos que mecen las ollas

Siete años ya de premios que lleva celebrando el Colegio de Críticos Gastronómicos de Asturias y cada año con más afluencia de asistentes, al menos es lo que me había parecido a mí en esta edición, pero todo el mundo me aseguró que siempre tenían la misma, casi multitudinaria.
En esta ocasión se contaba, como en todas, con la masiva presencia de hosteleros que este año de leyes antitabaco, previamente habían acudido a la asamblea en el Auditorio Príncipe, por aquello de acordar si se ponían en huelga, o no, debido a las consecuencias de esta nueva, y para ellos, perjudicial Ley AntiTabaco. Nada de ello parecía afectar a la habitual presentadora Marta Arenas, familia de los patrocinadores, el emporio García Rodríguez Hermanos, que decidió, como doctora en Derecho que ya es, (guapa y lista) colegiarse en Gijón y ejercer allí como procuradora, alejándose, salvo familiares excepciones, del ambiente mediático (¿hay?) y “trabajar mucho” como me aseguraba su esplendorosa madre, Carmen Carril, nuestra "Sofía Loren" ovetense, increíble señora en su talla 38, a pesar de sus hijos ya treintañeros y su imponente estatura.
Pero volviendo al tema, “este reducido grupo de veteranos, el quinteto de la suerte” como así les definió la consejera Mercedes Álvarez en su intervención, compuesto por Luis Bada, Eufrasio S. Martín, Francisco F. Vega, José Luis Vilabella y Eduardo Méndez Riestra, recibían a los asistentes en el Hotel Santo Domingo Husa, este año custodiado (¿porqué?) por dos guardias de seguridad.
Las categorías, las habituales: Restaurante Clásico, para El Panduku, recogiendo el galardón Víctor Paradelo, su propietario; Restaurante Innovador, este año premio desierto; Restaurante Heterodoxo, para Avant Garde, de Gijón, el gastrobar de Javier Loya, heredero de la saga Loya.
Otras categorías premiadas fueron: la de Sidrería, para Casa Ataúlfo, siendo su propietario Ataúlfo Blanco quién posó para las cámaras; la categoría Dulcería, cuyo reconocimiento se llevó la veterana confitería ovetense Rialto, recogiendo el más joven de la saga, Francisco Gayoso y, por último, la categoría Especial para La Casería San Juan del Obispo, en Tiñana, una recóndita destilería que produce un exquisito orujo, amén de una selecta sidra y cuyo premio fue recogido por José Mª Díaz.
El salón (como siempre con esa iluminación de interior cueviforme que impide que las fotos salgan bien, de hecho esta crónica no lleva imágenes) que sirve para acoger celebraciones y banquetes, estaba a rebosar.
En las primeras filas, el presidente de FADE y miembro destacado de GR Hermanos, Severino G. Vigón; también de la familia García Arenas y consejeros de la empresa, como patrocinadores: Manuel G. Arenas, consejero delegado, su hermana Ana, consejera como Benjamín García Rodríguez, así como los gerentes Miguel Canga y Marcelino Morán; otros representantes políticos: la gerente de la SRT Noelia Menéndez, la directora de Promoción Lingüística Consuelo Vega y su marido Antón García y el concejal Gerardo Antuña. Por parte de la patronal, el presidente de Hostelería de Asturias, José A. Almeida, y otros profesionales como José Mª Osoro, Frank Menéndez, Willy Pola, Amable Bedriñana, o Alfredo G. Quintana.
A pesar de crisis y leyes, aún hay hosteleros que saben demostrar, como afirmó Eufrasio Suárez, que “Asturias es una causa que vale la pena”. Desde luego. Más que pena, el gusto.

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