lunes, 6 de septiembre de 2010

Sidra de Trabanco, la calidad que nunca falla


Samuel Trabanco escanciando y Claudio Escobio probando la sidra

Benjamín Queipo, Claudio Escobio, Samuel Trabanco, Maximino Villarrica, José Mª Osoro y Luis Manuel Naredo

Me gustaría ofrecerles la crónica "La Lupa" que hice en La Voz de Asturias sobre la entrega de las contraetiquetas de Mejor Sidra de Asturias a la marca Trabanco. Fue un atractivo encuentro, rozando el mediodía naveto, con unos agradablemente sorprendidos turistas que se dejaron seducir por la magia del escanciado en el propio Museo de la Sidra.
“Tiene un pegue excelente, un color amarillo apajadizo, mucho cuerpo en vaso, no se ven los dedos a través, su aroma es franco, afrutado. Yo diría que es excepcional”. Así se manifestaba ante la sidra reconocida como “Mejor Sidra Elaborada en Asturias” de la última edición del Festival de Nava, el presidente del jurado y veterano juez de los más prestigiosos concursos de sidra de Asturias, Maximino Villarrica, en el Museo de la Sidra de esta localidad. El alcalde de Nava, Claudio Escobio, entregaba a Samuel M. Trabanco, propietario y alma máter del llagar, las ochenta y cinco mil contra-etiquetas editadas especialmente por el consistorio y que identificarán a todas y cada una de las botellas, cuya sidra ya se puede escanciar en muchas sidrerías asturianas, algunas españolas, e incluso internacionales. Dicha indicación irá en inglés en las botellas destinadas a la exportación y que podrán descorchar, emigrantes o visitantes de restaurantes regentados por asturianos, como en Miami “Delicias de España”, propiedad de Ernesto Llerandi, o Barlata, en Oakland (EEUU) del ciclista Chechu Rubiera. El alcalde naveto estaba acompañado por el concejal de Festejos Benjamín F. Queipo, y fue recibido por el presidente de los lagareros asturianos, José Mª Osoro y el director del Museo, el prehistoriador Elías Carrocera. El veredicto que proclamó a la sidra hecha por Trabanco como la mejor, se celebró el pasado diez de julio, tras una criba de treinta y siete, de las cuarenta y cuatro que se presentaron, y la final tuvo lugar en el transcurso de la 33 edición de esta imprescindible cita sidrera en el verano asturiano. Al acto también acudió uno de los jurados, Luis Manuel Naredo, hostelero propietario de la sidrería El Furacu, en Villaviciosa. Es éste el segundo año que se celebra la entrega de las contra-etiquetas, habiendo sido el año pasado la sidra ganadora, la de La Nozala. “Paso muchas noches del otoño y de la primavera pensando en los trasiegos o, a dónde voy por los camiones de manzana que me falta…” nos confesaba un satisfecho Samuel Trabanco, al mismo tiempo que dedicó un recuerdo para su madre fallecida, que “siempre, en las épocas difíciles de elaboración de la sidra, estaba ahí para prepararnos a cualquier hora el desayuno, freírnos unos huevos, o lo que fuera”. La cata se vio animada por la invitación que hizo Trabanco a los turistas procedentes de Valladolid, Cataluña, Bilbao o Vitoria que, en visita por el Museo y guiados por Pilar González, pudieron probar la mejor sidra de Asturias. Unos estupendos culetes, escanciados con celeridad por José Antonio Iglesias, unos quesos de la cercana Ovín, y un chorizo de ciervo, como Carrocera les subrayaba a los foráneos, realzaron la tempranera cita. Uno de los turistas, un catalán recientemente recuperado de una operación “a vida o muerte” valoraba la idea de llevarle unas cuantas botellas a su cirujano. ¿Puede haber una mejor forma, desde Asturias, para agradecer la vuelta a la vida?

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